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viernes, 1 de octubre de 2010

El tránsito a la adolescencia


La adolescencia es una de las etapas más importantes y bonitas en la vida de una persona. Se trata de un recorrido de muchos años, en los que nuestro cuerpo, nuestra mente y también nuestra vida emocional van a experimentar un sinfín de cambios que nos marcarán de por vida.
Mucha gente tiende a relacionar esta época con la famosa ‘edad del pavo’ pero, los años adolescentes constituyen mucho más que una actitud vehemente, algo rebelde e incomprensible desde el punto de vista adulto.
El cuerpo recibe la orden de cambiar
Biológicamente, las personas pasamos por varias etapas que no sólo quedan recogidas en nuestra mente sino en nuestro cuerpo, a base de transformaciones que nos indican que nos hacemos adultos. Estos cambios reciben una orden para producirse desde la glándula de la hipófisis.
La hipófisis es la productora de hormonas que se va a encargar de ordenar al cuerpo del niño o niña de que ya es hora de dar el paso a la vida adulta. A esta evolución de la infancia a la madurez se le llama adolescencia.
El desarreglo hormonal en el varón desemboca en una serie de cambios en su cuerpo que se van a ir haciendo visibles a medida que pasan los meses y años. La aparición de espinillas, el desarrollo de la nuez situada en el cuello, el crecimiento de su órgano sexual o la voz, que se vuelve más fuerte y ronca, son algunos de los más importantes.
Cambios físicos en él
Quizá sea en el terreno sexual donde más evidentes sean los cambios en el niño y es que, es en esta época cuando el adolescente’ redescubre’ que es un ser sexual y comienza a tener un interés repentino e inusitado anteriormente por todo acerca de su propia sexualidad y de cómo utilizarla.
Cambios físicos en ella
Para las chicas, esta época no es menos relevante. Seguramente ellas cuenten con una circunstancia biológica que no es comparable con ninguna que pueda tener el varón: la menstruación. Se puede decir que la primera regla, que llega en torno a los doce años, es la prueba final de que la niña ha dejado la infancia atrás para convertirse, al menos biológicamente, en una mujer.
Los pechos le crecerán notablemente, se ensancharán sus caderas y muslos, y su voz será más fina que la que tenía cuando era una niña. Las espinillas también son frecuentes en el desarrollo de las chicas pues, se trata del mismo proceso natural que el de los chicos. Tanto en un sexo como en otro por lo general, tienden a desaparecer con los años.
No es que los niños al llegar a la adolescencia cambien radicalmente y pierdan su esencia y personalidad por completo, sencillamente se trata de un punto y aparte en sus vidas que te costará un poco entender como madre o padre, pero que, si lo piensas fríamente, absolutamente todos hemos pasado por ese trance.
La nueva identidad
Los psicólogos coinciden en que es entre la tardía pubertad (once, doce años) y los diecisiete o dieciocho años, cuando los jóvenes se ven sometidos a mayor número de presiones y factores externos. Han dejado de ser aquellos niños dependientes para enfrentarse a un mundo en el que por primera vez tienen que tomar decisiones, por menores que sean.
Los amigos, por la familia
La familia, como se suele decir popularmente ‘siempre va a estar ahí’ por lo que en la adolescencia es normal observar conductas de apego desmedido de los jóvenes hacia todo menos hacia sus padres y hermanos. Es una época para explorar todo aquello que no conocen. Es decir, todo eso que no es su propia familia.
Esta actitud es frecuente y muy normal ya que, al entrar en contacto con su propio universo, los adolescentes necesitan darle toda la atención posible a esos nuevos factores que han entrado en juego en su vida. Las quedadas con los amigos, las conversaciones de índole íntimo con sus allegados, las actividades extraescolares, son algunos de los ámbitos donde los jóvenes centrarán casi toda su dedicación.
Viaje al interior de uno mismo
Los adolescentes no sólo muestran interés por estar en contacto con su grupo de amigos. Es igualmente común en esta etapa verles ensimismados, pasando horas solos en su habitación, conectados a internet o sencillamente leyendo un libro. La soledad es compañera de la adolescencia.
Muchos expertos traducen este interés por estar solos como un viaje inconsciente hacia su interior, para estar con ellos mismos y experimentar cómo es esa época nueva que les va a tocar vivir. Las discusiones, pataletas y pequeños actos de rebeldía, suelen ir parejos a este comportamiento individualista, pues en ocasiones los padres no entienden esa necesidad que tienen de estar solos.
La empatía o capacidad de ponerse en el lugar de otra persona, es una condición muy importante para comprender a un hijo adolescente. Cada vez que pienses que te desanimas, que ‘no puedes más con él’ y que ‘ya no sabes a qué herramientas recurrir’ sencillamente piensa que tú también fuiste adolescente.
¿Cómo actuar con ellos?
Es cierto que los jóvenes de hace veinte años no son como los de ahora y que, con toda seguridad, los factores que llamamos externos ya no son los típicos. (colegio, amigos, pareja, actividades fuera de casa) Ahora tenemos que darle primacía a otros focos de atención donde el adolescente centrará su energía e ilusión. ( viajes, internet, videojuegos…)
‘Tener mano’ con ellos
Aunque al final, la educación de los hijos siempre depende de nuestros propios valores y creencias, que les traspasamos casi sin darnos cuenta, hay que tener en cuenta algunos consejos que los expertos nos indican para tener ‘manejo’ a la hora de relacionarnos con los adolescentes.
Aceptar que se trata de una época difícil eminentemente para ellos debe ser el primer paso. Además, el cambiar ‘hablar por gritar’ y ‘dialogar por discutir’, van a ser dos ejes importantes para poder llevarnos bien con ellos.
Padres, no amigos
No debemos confundir el que nos vean como personas accesibles y flexibles con la idea de ser ‘amigos de los padres’ pues, aparte de que no funciona, es contradictorio que un adolescente vea en su figura materna o paterna a un amigo más.
Ni por edad, ni por nexo o interés en común, los padres pueden ser amigos de sus hijos. El matiz de autoridad, que no superioridad, no debe perderse; a los jóvenes, aunque ya no sean unos niños, les conviene tener una referencia paterna o materna, pues es signo de protección además de un ejemplo vital para ellos, aunque no lo quieran reconocer.
Ver el lado positivo
Cada una de nuestras etapas vitales constituye un trazo más en el cuadro que finalmente será nuestra vida. La adolescencia es importante a todos los niveles, biológico, emocional y físico, y debemos entenderla como un bonito tránsito a la madurez donde experimentamos por primera vez un sinfín de cosas que con los años, nos parecerán hasta rutinarias.
La positividad, la paciencia y el diálogo van a ser tus armas como madre o padre durante este viaje que realizarán tus hijos en solitario, pero sin perderte de vista.


viernes, 24 de septiembre de 2010

Adolescentes: ¿es posible dialogar?


Adolescentes 'rebeldes': ¿existe el diálogo?
Es la eterna pregunta acerca de los jóvenes más rebeldes o sobre los que es mucho más difícil aplicar autoridad y la famosa ‘mano dura' de la antigua usanza.



¿Son las conductas moldeables? ¿Hay adolescentes inevitablemente rebeldes, maleducados, asociales...? ¿O son víctimas o consecuencias de sus entornos más inmediatos?



Una se va haciendo mayor y va notando que ya no es una chica, para dar la bienvenida a la edad adulta, plena y madura. Quizá esto es lo que me haya llevado a prestarle últimamente más atención al tema de los adolescentes, qué hacen, cómo se comportan... Igual en el fondo busco saber si yo era también así, ¡hace tan sólo unos años!



Sois pocas, en comparación con el resto de usuarias, las madres de hijos e hijas adolescentes. Me gustaría saber no obstante, qué pensáis de esos que dicen que las nuevas generaciones son cada vez ‘peores' y que ahora los jóvenes, en general ‘son caso perdido, en lugar de la esperanza de los que somos más mayores'.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Jóvenes y agresivos: ¿Qué les mueve a ser violentos?


Según estudios recientes, un 16% de los jóvenes de nuestro país manifiestan conductas agresivas. Mientras los padres observan preocupados un crecimiento en las actitudes violentas de sus hijos, los chavales, según los expertos, se sienten ‘incomprendidos’. ¿La clave de todo esto? Parece que está en la educación, pero el entorno familiar y social y la predisposición del joven a infringir las normas morales y sociales, tienen mucho que ver.


Un porcentaje in crecendo
Cada vez son más frecuentes los estudios que intentan entender y manifestar a la sociedad los principales problemas de nuestros adolescentes así como aquellos factores que les guían o condicionan para, en general, comportarse de una u otra manera.
Aunque nunca podemos hablar en términos absolutos sí que hay un crecimiento notable en ciertas actitudes que los jóvenes entre 14 y 20 años manifiestan en sociedad.


¿Qué hay detrás de la violencia?
Según Ángel Nogales Espert, jefe del Servicio de Pediatría del Hospital 12 de Octubre de Madrid, ‘’es fruto de una menor capacidad en este grupo de población para expresar sus sentimientos y afirmar su personalidad ante la gente adulta’’

Pero estas palabras explicativas pueden no acabar de convencer a los familiares de estos chicos y chicas que constituyen su principal referente y punto de apoyo y que por ello, se sienten como los primeros responsables y afectados directamente por sus actos.


¿Hay un exceso de libertad?
Hay expertos que aluden al ‘exceso de libertad’ que caracteriza los últimos 20 años a nuestra sociedad. En menos de dos décadas los españoles hemos sufrido un sinfín de cambios sociales a todos los niveles que han pasado desde la más dura represión, por un proceso de liberalización social hasta el punto en el que nos encontramos hoy en día, el que califican muchos estudiosos como ‘neolibertinaje’.

La palabra libertinaje antiguamente aludía a aquellas personas que se sentían identificadas con una doctrina o pensamiento basado en la libertad total como individuos y que normalmente estaban sometidos a un sistema dictatorial o rígido en el que casi necesitaban comportarse de esa manera.

Para muchos 'no hay normas'
La ausencia o el rechazo a las normas, que son los límites sociales a nuestra conducta como seres humanos, se ha calificado como utópica puesto que está demostrado que el ser humano necesita del Derecho para convivir armoniosamente en sociedad.

Actualmente el neolibertinaje ha perdido su tono romántico y anarquista para dar paso a una nueva generación de adolescentes que no se atienen a ninguna normal impuesta por la sociedad. Estos jóvenes, por lo general, pertenecen a ámbitos desestructurados, han tenido libertad desde que eran muy pequeños, y ese contacto prematuro con la realidad social les ha hecho ‘perderse’ en los estratos más oscuros y negativos de la misma.


Falta de criterio propio y necesidad de adaptación al grupo
Por supuesto no todos nuestros jóvenes son de esta manera. El problema, según los expertos está en que a esas edades, los chavales se dejan influenciar por aquellos ‘líderes’ de grupo que por razones de carisma o a veces imposición son considerados ‘los más fuertes’. De esta forma, el resto del grupo asume como suya la conducta agresiva aunque ellos, intrínsecamente, no están de acuerdo.

Todos hemos asistido alguna vez al desarrollo de una pandilla de barrio y cómo se desenvuelven ‘de cara a la sociedad’. Normalmente hay una o dos figuras que llevan la voz cantante, mientras hay otros muchos que pasan desapercibidos. Los que rechazan frontalmente la actitud general del grupo, son marginados o criticados, y en muchos casos incluso se les acosa para que actúen como el resto.

En la adolescencia, somos más vulnerables que nunca, por eso aquellos que destacan por tener ‘más personalidad’ y después se convierten en los más agresivos, suelen ‘contagiar ‘al resto estas conductas violentas.


El papel de los medios de comunicación
“Hay que ser conscientes de que no se le puede pedir un comportamiento cívico a una persona que, desde su infancia, ha vivido en un hogar que ha descuidado su educación y donde no ha tenido referencias de comportamiento ni de valores. ‘’ sostiene Ángel Nogales.

Además, el profesor hace especial hincapié en las personas que han sido bombardeadas, a través de los medios de comunicación, con escenas de violencia, actitudes depredadoras y sexo incontrolado.
Según el experto, ‘’las medidas a tomar deberían afectar, por tanto, a la familia, a la escuela y a la sociedad en sentido amplio”.


Qué hacer como padres
Cada familia y cada hijo o hija adolescente son universos diferentes. En muchos hogares acomodados y donde se ha respirado un ambiente supuestamente ‘sano’ puede desarrollarse un verdadero delincuente, así como en ambientes desestructurados ‘sobreviven’ jóvenes que son auténticos ejemplos de superación y de buena conducta.

Los psicólogos recomiendan no utilizar la ‘guerra preventiva’ con los hijos. Algo que se traduce en prohibir todo tajantemente, pues puede producir en ellos un efecto adverso de rebeldía mucho más intensa. Por el contrario hay que mostrarse dialogantes con ellos y flexibles pero nunca como ‘colegas’ y siempre dejándoles claro vuestra autoridad como tutores.

Vosotros podéis hacer mucho más de lo que creéis fomentando la comunicación con vuestros hijos. Así verán que no están solos y se sentirán en confianza para contaros sus inquietudes y problemas. Y un último mensaje positivo, ¡todos hemos pasado por la adolescencia y aquí estamos! Ánimo.